Creo que todos sabemos qué tipo de productos pare la factoría Apatow, así que el que pensase que ‘La boda de mi mejor amiga’ iba a ser una ‘comedia romántica’ al uso es que no conoce ni lo más mínimo al desbarrante Judd.
El que diga de ella que es una película ‘gamberra’ se puede quedar corto.
Y es posible que nos parezca más ’salvaje’ que las anteriores producciones de Apatow porque sus protagonistas sean chicas, y a lo que estamos acostumbrados es que sean ellos los que armen el taco a lo bestia.
Salvo excepciones, que podrían ser contadas con los dedos de una mano, el rol de las féminas en esta clase de comedias desvergonzadas es de meras espectadoras de los excesos de los machorracos de turno.
En ‘La boda de mi mejor amiga’ se hace añicos ese rol ‘clásico’ y se nos regala una sucesión de divertídísimos gags de corte grueso, tosco, basto, irreverente y procaz hasta hacernos saltar de la risa del butacón, protagonizados por 6 mujeres con personalidad descolocante.
Nada de concesiones. Y fijo que habrán temblado Sandra Bullock, Jennifer Aniston y Katherine Heigl.
Si alguien todavía criticaba que los filmes de Judd eran machistas, aquí tienen el primer zas en la boca. Hablando de taquilla, en estos momentos éste es el largometraje que más ha recaudado de la factoría Apatow, y los machos en esta producción son hombres florero.
La sensación descontrol generalizado y de que aquí todo vale, nada de cursilerías ni de dulcificaciones de otros filmes del género, empieza desde el primer minuto de la cinta, literal: encuentro sexual entre Annie (Kristen Wiig), la ‘looser’ del filme y su maromo patán Ted (el ‘Don Draper’ Jon Hamm), en una relación que se evidencia puramente física, sin compromiso alguno.
A partir de ahí se muestra con gran realismo empatizador a una chica desgraciada, sin pareja estable, empleada amargada de una tienda de joyas, cuyo negocio de pastelería fracasó, y que tiene que vivir en co-alquiler con dos odiosos británicos.
Lo único que la mantiene con ilusión en esa vida con futuro desconocido es tener cerca a Lillian (Maya Rudolph), su paño de lágrimas, su confidente, su mejor amiga.
Pero un acontecimiento inminente la va a descolocar completamente: Lillian le anuncia que se casa, lo cual le hace mantener con dificultad sus sentimientos de verse fuera de lugar en el devenir normal de la vida de una chica a su edad.
Pero lo que le hará tocar fondo es conocer a la nueva amiga de su mejor amiga, la hermosa, serena y asquerosamente rica Helen (Rose Byrne), la mujer del jefe de su novio, que le hará llegar hasta la humillación en sus intentos por ser aún mejor dama de honor de esta ‘intrusa’, competición en la que tiene todas las de perder.
Y de esa rivalidad parte todo ese crescendo de situaciones descacharrantes, algunas gamberramente subidas de tono, de absoluto desorden emocional, y completamente carcajeantes.
Memorable la vándala escena de la prueba de los vestidos, cafre es decir poco de ella.
La clave de que esto funcione tan bien no la tiene el director Paul Feig (’Lio embarazoso’), sino Wiig, que firma también el guión con Annie Mumolo.
Kristen combina a la perfección esa brutal vis cómica que la acompaña con su enorme capacidad de dar la réplica seria a lo que esté escrito en el script. Tiene una conexión increíble con el espectador, con la virtud de parecer totalmente razonable en una escena y tonta del todo en otra.
Wiig es el alma de la película, y puede que sin ella ‘La boda de mi mejor amiga’ no habría sido tan irreventemente desternillante.
Aunque no hay que quitarle mérito alguno a Melissa McCarthy, otro pilar del largometraje, la antitesis de cualquier personaje femenino corriente. Suyas son algunas de las escenas más brutales del filme.
Los personajes de Byrne, el de la novia de Rudolph y del resto de damas de honor, los de Wendi McLendon-Covey (Rita) y Ellie Kemper (Becca), son quizás los más ‘típicos’ en un filme de este pelaje (incluso del de Wendi y Ellie infradesarrollados), pero son imprescindibles para darle cierta ‘cordura’ a la trama.
En definitiva, para mí, estamos ante la mejor comedia del año.







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